Apocalipsis privado

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Les comparto mi colaboración de este mes en Salto al reverso.

SALTO AL REVERSO

Extrañas revelaciones que simbolizan el fin,

invitan a un juego matemático

donde no hay ganador.

Trompetas, ángeles y jinetes;

hasta la luna se involucra

en un anormal poema,

que habla de una concurrida fiesta

donde hay millones de invitados,

pero estamos solos tú y yo

en nuestro apocalipsis privado.

Todo se cumple como en una antigua profecía,

esa que cada uno sabía

y de la que al final no escapamos.

No hay bien, no hay mal;

solo los hechos pasados.

Promesas como sellos se rompen

dejando volar lo guardado,

nada para nadie,

hecatombe,

apocalipsis privado.

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Lo que ocurre en la antigua estación del tren

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Eran las nueve de la noche, a sus espaldas la música electrónica sonaba a todo volumen. Alfonso estaba esperando un taxi porque ninguno de sus amigos había querido llevarle. Cuando por fin pudo abordar uno, se dejó caer en el asiento al mismo tiempo que le decía al chófer que lo llevara a la antigua estación del tren. El chófer lanzó un gruñido.

—¿Vas a comprar? —dijo el chófer.

—¿Cómo sabe que…? —contestó Alfonso.

—Nadie va a ese lugar a esta hora de la noche a menos que vivas allí y tú no tienes pinta de ser un residente de ese jodido lugar —dijo el taxista, complacido de su análisis.

—Sí, la neta voy a comprar… Estoy nervioso, nunca he ido a la estación.

—¡No la chingues! —dijo el chófer alzando las manos del volante solo por unos segundos—. Así no, chavo. Debes tener un contacto, un conocido. ¿Sabes de  alguien?

—No —dijo Alfonso.

—Pues así está bien cabrón; debes hacer cita, no puedes llegar así nada más.

—¿Usted no tiene contactos? —preguntó ingenuo Alfonso.

—¡Qué voy a tener! No me meto en pedos —puntualizó el conductor.

—Solo voy a comprar una grapa, para tranquilizarme y me regreso a la fiesta

—Pues te regresas en otro coche. No te vas a subir con esa madre a mi taxi —dijo el chófer con tono seco.

Alfonso solo agachó la cabeza. A veces sentía pena por sí mismo. Se arrepentía de ser un adicto; se avergonzaba por la primera vez que había probado la droga. Hasta antes de eso, se había considerado un chico inteligente. Ahora solo sentía lástima.

El taxi rodeó por la avenida principal hasta doblar en una calle en donde habían unos contenedores de basura. En la siguiente esquina estaba un grupo de chicos fumando y bebiendo cerveza. Alfonso los miró, apurado, bajó el cristal y asomó su mano con el billete, así llamaría la atención de los dealers. 

—¡No seas pendejo, muchacho! —regaño el taxista—. Ves muchas pinches películas. Te va a cargar el payaso si sigues haciendo esas pendejadas. Mira, págame el servicio, ve a donde se ve esa luz roja y pregunta por El Perro; él te dirá qué hacer.

—¡Gracias, señor! —dijo Alfonso alcanzándole el dinero junto con una propina.

El chófer se alejó del lugar tal vez con remordimiento, pero al final de cuentas, aquel idiota era un vicioso más. Él se lo buscaba.

Alfonso se apresuró a llegar a donde estaba la luz roja: era una pequeña puerta que fungía como entrada a algo parecido a un bar. Se asomó y por el largo pasillo solo se veía oscuridad. Se sobresaltó cuando un tipo larguirucho se le acercó preguntando:

—¿Qué calle buscas, padrino? —dijo el tipo. La luz roja le acentuaba las marcas de acné en los pómulos, y también provocaba que sus ojos brillaran amenazadores.

—Busco a El Perro, quiero comprar coca. Tengo dinero —dijo Alfonso, volviendo a empuñar el billete.

—¿Quién putas te dijo que yo tiro mierda? —dijo El perro, con perturbadora tranquilidad.

—El taxista que me trajo. Me dijo que me dirías qué hacer —dijo Alfonso, nervioso.

El perro soltó una carcajada. Se movió un poco y ahora la luz roja lo hacía ver maligno.

—¡Ni madres! Yo no vendo. Yo solo cuido esta puerta. Si quieres droga, tendrás que bajar —dijo El Perro, mientras que con una mano le invitaba a pasar.

—Adelante —dijo con sonrisa sardónica.

A Alfonso aquella palabra le había sonado como una revelación apocalíptica dicha segundos antes de que ocurriera. Vino a su mente la Biblia y todo el rollo de la bestia, el armagedón, el 666 y las diabólicas canciones de Iron Maiden. Sin embargo, su necesidad venció al miedo y se adentró por el pasillo.

En los muros retumbaba algún tipo de percusión, conforme avanzaba, el olor a mariguana se hacía más fuerte. «Debe haber una buena fiesta», pensó. El pasillo doblaba a la izquierda, el espacio se abría y la poca luz dejaba ver una especie de lobby con algunas mesas y sillones tapizados en color naranja. Continuó el camino y vio a una mujer haciéndole sexo oral a un tipo que recargaba su cabeza y brazos en el borde del sillón. El color de su piel era blanco fantasmal. Pensó en la canción de Procul Harum. Desvió la mirada para evitar problemas y atravesó el lobby siguiendo el sonido de la música. Llegó a otro pasillo que doblaba a la izquierda. Creyó escuchar música rock, pero los sonidos eran tan densos que se embarraban y chorreaban de techos y paredes. Por encima del olor a mariguana, percibía otro más acre; le picaba la nariz. Pegó un brinco cuando alguien se interpuso en su camino.

—¿A dónde vas? —dijo el sujeto. Alfonso no pudo distinguir ni por el tono de voz ni por su apariencia si era hombre o mujer. «Andrógino», recordó y pensó en David Bowie.

—Busco coca, ¿tú vendes? —dijo Alfonso empuñando el billete y mostrándolo una vez más.

—Yo no. Adentro encontrarás —dijo el sujeto, señalando con la barbilla de donde pendían varias cadenillas a modo de piercings. 

Alfonso dio un paso antes de que lo detuviera el sujeto, lo asió de la camisa y le dijo:

—Pero primero tienes que ver al Diablo.

Alfonso sonrió y quiso que el tipo también lo hiciera, pero sus labios pintados de negro se mantenían paralelos. No le quedaba otra opción, tendría que ver a uno más para conseguir la cocaína.

—Entra —dijo el de las perforaciones y empujó la puerta.

Lo primero que vio Alfonso antes de que se cerrara la puerta, fue a un grupo de chicas desnudas, algunas de ellas muy jóvenes, casi niñas, haciendo una media luna que se desfiguró apenas entró a la sala. A continuación, Alfonso orinó de la impresión y sus cuerdas vocales no pudieron vibrar para dejar escapar un grito: ahí, en un trono barroco, estaba sentada La Bestia.

Pensó en la Biblia.

El libro tenía razón.

Resultados finales del ‘crowdfunding’

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SALTO AL REVERSO

Ha concluido nuestra campaña de crowdfunding en Fondeadora:

El objetivo era imprimir los ocho números existentes hasta la fecha, enviar las revistas a los 60 autores que participaron en ellas, y tener recursos para continuar con nuestro proyecto.

Lamentablemente no llegamos a la meta. Esto significa que el proyecto de la revista terminará. No se publicarán nuevas revistas ni en digital ni tampoco se imprimirán los ocho números existentes debido a la falta de recursos para hacerlo.

Más información sobre la conclusión del proyecto de revista aquí: Termina la revista Salto al reverso.

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Mi adiós a la revista Salto al reverso

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Y cayó el último grano de arena…

Carla Paola Reyes

:)🙂

Resultados finales del crowdfunding
Termina la revista Salto al reverso

Nunca he amado tanto un proyecto como Salto al reverso, ni nada me ha hecho sentir tan orgullosa de mí misma como editar su revista. Son innumerables las satisfacciones que me ha proporcionado crearla y editarla, y también las lecciones que me ha dado.

Ni siquiera fue mi idea. En el consejo editorial (allá a inicios de 2014) dijeron: «¿Por qué no hacemos una revista?» Y yo dije: «Ok, si alguien más se hace cargo de ella porque yo no tengo tiempo» (Ja ja ja). Pero tuve el tiempo y me hice cargo. El tiempo sale de entre las piedras cuando amas algo. Duermes menos, te levantas cada vez más temprano, haces espacios entre tu trabajo, también dejas cosas de lado: proyectos, familia, descanso, esparcimiento.

Estudié Comunicación y trabajé en editoriales, pero una cosa es trabajar en una revista y otra es crearla. Honestamente…

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A un mes de nuestro ‘crowdfunding’: ¿Cómo vamos?

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Muchas gracias a todos los que han apoyado el proyecto. Aún falta mucho para alcanzar la meta. Necesitamos de su participación, también para difundir y alcanzar más personas. ¡Apóyanos!

SALTO AL REVERSO

Hace un mes publicamos nuestro proyecto de crowdfunding en Fondeadora:

https://fondeadora.mx/projects/saltoalreverso.

Link abreviado: http://bit.ly/saltoalreverso

Buscamos imprimir los ocho números existentes hasta la fecha, entregar las revistas a los autores, y tener recursos para continuar con nuestro proyecto.

¿Cuánto llevamos?

Hasta ahora han aportado 36 personas y hemos conseguido $29541 pesos mexicanos (MXN) (Corte al viernes 15 de julio a las 5:30 pm, hora de la Ciudad de México). Llevamos 12% de nuestra metarestan 32 días.

¡Muchas gracias a los autores que aportaron estas dos últimas semanas @gemaalbornoz, Alejandro Bolaños, @maycasoto, @bosquebaobab, Noelia Hn, @fieskyrivas y Julia Santibañez!

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¡Inicia el ‘crowdfunding’ de Salto al reverso!

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Necesitamos de tu participación para continuar con este proyecto. Más información en la entrada. ¡Apóyanos!

SALTO AL REVERSO

¡Ya pueden comenzar a aportar!

¡Pasen la voz!

Salto al reverso es una revista de arte y literatura. Abrimos un proyecto de crowdfunding en la página de Fondeadora para poder imprimir los ocho números existentes hasta la fecha.

Aporta a nuestro proyecto y recibirás a cambio recompensas (revistas, menciones, postales, pósteres, espacio publicitario en nuestras páginas, acciones de agradecimiento especiales).

Si no llegamos a la meta, será imposible continuar con la revista, ni siquiera en su versión digital.

La campaña durará dos meses y concluye el 16 de agosto.

Aporta aquí

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